Lo que no sabías sobre escribir diálogos… y Robert McKee sí

Maestro de maestros. En el ámbito literario quizá Robert McKee no sea tan conocido, como lo es para dramaturgos y guionistas. Para estos últimos, y más en el ámbito anglosajón, McKee es un ‘must’, un gurú, un oráculo.

Robert McKee en una escena de “Adaptation” en plan ‘He venido a hablar de mi libro’.

Maestro de maestros. En el ámbito literario quizá Robert McKee no sea tan conocido, como lo es para dramaturgos y guionistas. Para estos últimos, y más en el ámbito anglosajón, McKee es un ‘must‘, un gurú, un oráculo.

No sé si así sucederá de hecho, pero estoy casi seguro de que en casi todas las escuelas de guión Robert McKee es una referencia.

Yo lo descubrí hace unos años, mientras investigaba sobre cómo crear una estructura adecuada para mis tramas. Buscando, buscando, acabé encontrándome con “El guión“, esa especie de Sagradas Escrituras para contadores de historias. Si la “Poética” de Aristóteles era el Antiguo Testamento, “El guión” es el Nuevo. Ése es el nivel.

Es complicado imposible que un manual te enseñe a ser más creativo o a encontrar un estilo propio (sobre todo si a lo que tú te dedicas es escribir narrativa). Como dicen todos los viejos escritores: Si quieres aprender a escribir, lee el tipo de literatura que te gustaría escribir. Para un escritor de narrativa no hay mejor consejo que ése. Si la escritura fuera como tocar el piano, leer sería como entrenar con las Variaciones Goldberg de Bach, para mejorar tu interpretación.

Pero si lo que te interesa es ampliar conocimientos respecto a cómo se estructuran las tramas de la gran mayoría de las películas que ocupan las carteleras (porque, bueno, aunque no escribas guiones para Holywood, igual quieres aprender sobre construir tramas), McKee es tu Señor Lobo.

“Hola, soy Robert McKee. Arreglo guiones”

Uno de los elementos de nuestras historias que más solemos infravalorar son los diálogos. Los escritores amateur, en ocasiones, no saben bien qué hacer con ellos. Intuyen que los diálogos agilizan la acción y te sitúan bien cerca de los conflictos de tus personajes, pero siendo como son un recurso fantástico para nuestras historias, lo desaprovechan haciendo que sus personajes suenen neutrales, vacíos o literales.

¿Qué dice McKee al respecto?

Lo primero: Todo diálogo responde a

  • Una necesidad.
  • Un propósito.
  • Una acción.

O sea, que si un personaje habla es porque es necesario que lo haga en ese momento, quiere conseguir algo a través de sus palabras y ese mismo diálogo es una acción en sí misma.

Y ése es el primer punto importante a tener en cuenta: Cuando un personaje habla está incitando, amenazando, manipulando, advirtiendo, aconsejando, apiadándose de, humillando, animando, seduciendo… -etc- a otros personajes.

Un diálogo tras el que no haya un propósito, la necesidad de obtener algo por parte del personaje que habla o que no sea una acción en sí misma, es un diálogo muerto. MUERTO.

¿Cómo aplicar el consejo de McKee?

Mi consejo: Toma una libreta y hazte un esquema de las escenas que vas a escribir. Para cada escena, escribe esa información que tú, como autor, deberías saber. Por ejemplo:

Escena 23: El personaje A y el personaje B hablan sobre lo dura que es la vida en el campo.

-Propósito: A intenta convencer a B de que se vaya con él a vivir a su casa en el pueblo.

-Necesidad: A se siente sola y necesita que B le haga compañía durante el invierno, que es la estación en la que más soledad siente.

-Acción: A primero seduce a B narrándole las bondades de la vida en el campo. Después, pasa al chantaje emocional, puro y duro.

De esta manera, serás capaz de entender de un vistazo qué es lo que está ocurriendo en tu historia. Cuál es la cadena de acontecimientos que se está dando.

Ejemplo de diálogo superficial y chungo según McKee

«Oh, Harry, ¿cuánto tiempo hace que nos conocemos? ¿Qué? Veinte años, o puede que incluso más, desde que íbamos junto al colegio. Hace mucho tiempo, ¿verdad, viejo amigo? Bueno, ¿qué tal estás esta bonita mañana».

De todo esto y de bastantes cosas más (el subtexto, qué usos y funciones le podemos dar al diálogo, cómo adaptar nuestros diálogos si estás escribiendo un guión o una novela…) se habla en el manual El diálogo: El arte de hablar en la página, la escena y la pantalla. Os lo recomiendo con entusiasmo. De hecho, está siendo una de mis lecturas veraniegas y es de esos libros que, a cada poco, tienes que estar deteniéndote a paladear porque tiene mucha molla.

Prometo hacer un análisis resumido de esta obra más adelante y contaros algunos de los consejos que Robert McKee propone para nuestros diálogos. Hasta entonces, os dejo una entrevista que le hicieron los de EiTB al Señor de las Tramas:

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