Guía breve de ‘flaneurismo’

El flâneur o caminante azaroso es una etiqueta que se define por su hacer, es decir, por la manera concreta de desplazarse, de caminar. No busca una estética determinada porque en muchas ocasiones querrá pasar desapercibido

flaneur

Puede que no estés familiarizado con este término que en el siglo XIX definía a
un tipo concreto de urbanita: el caminante, el observador privilegiado de las
multitudes, cuyas derivas urbanas construyen un personaje poético adaptable
a nuestros días. El flâneur nació con una esencia subversiva: la de los actos
pequeños que cambian el mundo. Con la intención de reclamar el espacio y
el tiempo que las condiciones de vida actuales nos quitan, apelo al flâneur
para mi causa, la de una revolución que comienza dentro y se refleja fuera,
en el acto aparentemente anodino de caminar.

flâneur y creación literaria


Aquí una guía breve del flâneurismo para el s.XXI:
El flâneur o caminante azaroso es una etiqueta que se define por su hacer,
es decir, por la manera concreta de desplazarse, de caminar. No busca una
estética determinada porque en muchas ocasiones querrá pasar
desapercibido.


Precisa de algo tan sencillo como difícil de conseguir en nuestros días:
tiempo. Saber que dispone de tiempo para entregarse al paseo es
fundamental, pues necesita conectar con su propio ritmo. Todos llevamos
una especie de canción interna. Reconocemos ese ritmo cuando hacemos
las cosas a nuestra manera, sin exigencias de fuera y nos sentimos bien.
El flâneur está en el presente. Es el único tiempo en el que puede existir.
Aunque se deje llevar por el recuerdo de un suceso agradable y recorra el
mismo trayecto de aquel día, el hecho de caminar es un acto que requiere
presencia. Esta presencia se podría definir como estar en el aquí y ahora. Y
eso es algo que no resulta sencillo en la práctica. Estamos tan
acostumbrados a viajar al pasado o al futuro, que apenas nos movemos en el
presente. El paseante es consciente de que sólo alejando esos pensamientos
puede deleitarse con los pequeños detalles y sucesos
del paseo. Si no,
sencillamente, le serán invisibles a sus ojos.


Entrenar la mirada es una de sus cualidades. El caminante encuentra belleza
allá a donde vaya. Es consciente de que puede re-encantar la realidad
cambiando el modo de mirar. Normalmente cuando vemos un árbol lo
ponemos de manera rápida e inconsciente en la categoría mental “árbol”,
obviando las particularidades que lo hacen único.

Y lo hacemos con todo,
incluidas las personas. Aplicamos nuestras ideas acerca de cómo son las
cosas y nuestra perspectiva se empequeñece, bañada toda por la misma
tonalidad. El flâneur es capaz de cambiar ese filtro de manera que su mirada
tiene una paleta rica de colores. No está exento de que sus propias ideas del
mundo influyan en su punto vista. La diferencia es que él es consciente de
esas ideas, por lo que no limitan su búsqueda constate de lo bello.
La soledad es un placer que el paseante azaroso disfruta. Eso es posible
porque la convivencia consigo mismo no entraña conflicto. El paseo puede
ser una oportunidad de diálogo interior
. A veces es una conversación sin
palabras en la que el puzzle interno se completa y pueden aparecer verdades
simples e intensas que el caminante guardaba en su interior
.

El camino, en ocasiones, se anda lo mismo hacia fuera que hacia dentro. Esa escucha es
más fácil cuando perdemos el miedo a caminar con nosotros mismos.
El hacer del flâneur no tiene sentido sin el componente lúdico. Poner en
práctica la curiosidad y la intuición es un juego. Abandonar las ideas de
control y dejarse llevar por lo desconocido de manera amable y divertida. El
espectador apasionado, tal como lo definiera Baudelaire, pasea con su niño
interior de la mano.
Hay una implicación emocional con los lugares que transita. El paseo es un
acto transformador. Hace suyo el paisaje a través de las emociones que le
despierta, reclamando el espacio sin poseerlo. Sabiéndose parte del lugar
que habita no tiene la necesidad de pertenecer a un ninguno en concreto. El
mundo es el hogar.

Escrito por Sandra Rayos

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