El escritor en busca de sentido (2): Atando cabos

En un curso de escritura creativa que recibí se nos decía: Se puede contar cómo un personaje intenta salir de un hoyo en el que ha caído, pero ¿no resulta más interesante contar cómo la soledad, la impotencia o la incapacidad de seguir con su vida, que siente dentro de ese hoyo, lo impulsa a salir de él?

Si ya leíste la entrada anterior sobre la necesidad de un sentido para tu historia, seguimos…

 

En un curso de escritura creativa que recibí se nos decía: Se puede contar cómo un personaje intenta salir de un hoyo en el que ha caído, pero ¿no resulta más interesante contar cómo la soledad, la impotencia o la incapacidad de seguir con su vida, que siente dentro de ese hoyo, lo impulsa a salir de él?

La soledad, la impotencia o la incapacidad de seguir con tu vida son ejemplos del sentido de tu narración. Uno escribe historias para hablar de estas cosas, no para hablar de hoyos o de ingeniosas maneras de salir de uno (que también, al fin y al cabo el argumento importa).

En el plano psicológico, resolver problemas en nuestra vida compensa químicamente a nuestro cerebro. Se puede decir que solucionar problemas nos hace felices. Es por esto que el lector o el espectador empatiza con los protagonistas. Si el sentido vital del personaje está relacionado con nuestro propio sentido vital, desearemos que lo consiga y, por contra, lo pasaremos más bien mal cuando se aleje de sus objetivos.

Pongamos que ya sabemos cuál es el sentido de nuestra historia. Queremos escribir, por ejemplo, sobre la venganza. Como decíamos en el post anterior, eso implicará también que la idea contraria esté presente (en este caso, la posibilidad de perdón).

Pero si el sentido de nuestra historia es la venganza (como es el caso de la novela de Boris Vian Escupiré sobre vuestra tumba) esto nos dará margen para narrar sobre otros conceptos relacionados con la venganza: el rencor, los daños colaterales, la justicia, el karma… Es interesante reflexionar sobre el sentido de nuestra ficción por las posibilidades narrativas que nos ofrece o por las escenas y variaciones del tema que se nos pueden ocurrir.

 

Poniendo orden al sentido: Los momentos clave de una historia

Al contrario que la vida (que no parece tener una estructura definida, ni un principio ni un fin para nuestro sentido vital), la ficción sí que dispone de una estructura con la que atar cabos.

El maestro de guionistas Robert McKee describe en su obra más conocida (El guión) esa serie de momentos clave que todo escritor ha de conocer para escribir una historia sólida. Si bien este esquema es más apropiado para ficciones largas (una novela, el guión de una película…), no está de más tener en cuenta que esto funciona, a la hora de escribir un relato corto o el guión de un cortometraje.

Los momentos clave son los siguientes:

  • El incidente incitador, es decir, el detonante. El acontecimiento que hará que nuestro protagonista se plantee la necesidad de cambiar algo en su vida.
  • Las complicaciones progresivas. Nuestro personaje habrá acometido alguna acción (tirando a tímida y leve) para conseguir su objetivo. Pero claro, las cosas no podían ser tan fáciles. A lo largo de la historia, los acontecimientos han de ir complicándose, tomando valores positivos (momentos ventajosos para el personaje, ayudas, golpes de suerte…) y negativos (problemas, conflictos a varios niveles, impedimentos, la aparición de fuerzas antagonistas…).
  • La crisis. El momento en que el protagonista recibe un palo de los gordos. Lo peor que le podía pasar, ha pasado. En este momento ha de decidir si renunciar a su deseo o seguir adelante, pase lo que pase.
  • El clímax. Justo después de la crisis, el protagonista tomará una decisión para la que no hay marcha atrás. Esta decisión es determinante. Puede que le cueste algo de gran valor o importancia para él o ella. La evolución del personaje vendrá gracias a esta decisión.
  • Las consecuencias. Toda historia, todo deseo perseguido por nuestro protagonista, toda acción conllevará unas consecuencias. Es el cierre de la historia. ¿Qué cambios ha producido la acción llevada a cabo por el personaje? ¿Cómo lo ha cambiado a él? ¿Y al resto de personajes? ¿Qué pasará a partir de ahora?
Nota: Esta estructura se da en, prácticamente, todas las historias que conocemos… Con algunas excepciones, en las que el detonante se da antes o después, la crisis no es demasiado evidente… En otras historias el detonante no se nos muestra, pero se nos sugiere. Es decir, la estructura es flexible, pero está ahí. Siempre está ahí.

 

Manos a la obra: Pintando la estructura con el color de nuestro sentido

Conociendo la “anatomía” de una historia, lo que nos queda es moldear eventos narrativos aportando sentido (positiva o negativamente) a cada momento, a cada escena, y ordenar estos eventos con una estructura narrativa similar a la que propone McKee. Arremanguémonos y pongamos a prueba los momentos clave de una ficción, tomando el ejemplo propuesto del sentido de venganza. A ver qué tal:

  • Incidente incitador: El protagonista de nuestra (supuesta) historia es un amante de los animales. ¡Qué digo! Es animalista. Milita en el PACMA. Es vegano por convencimiento. Nunca ha sentido verdadero amor por otro ser humano, pero lo que siente por sus animales no tiene nombre… Y esa mañana encuentra a su hámster muerto en la puerta de su apartamento. Él sabe que el pobre animal no ha podido salir solo de casa. Él intuye que el verdadero culpable es su vecino, que odia a los animales y siempre está protestando por el olor que sale del apartamento del protagonista. Ahí tenemos nuestro detonante.

 

  • Complicaciones progresivas: Sin olvidar que el sentido de nuestra historia parte de la idea de venganza, aquí pueden alternarse todo tipo de hechos:
    • El prota descubre, gracias a las cámaras de seguridad del edificio, y a que es íntimo amigo del portero, que en efecto ha sido su vecino el responsable del hámstercidio (Acontecimiento positivo para la obtención de su venganza: “+”)
    • El prota descubre que no hay nada ni nadie que le importe verdaderamente a su vecino, lo que dificulta las posibilidades de venganza (Acontecimiento negativo: “-“)
    • El prota consigue hacerse con una copia de las llaves de casa de su vecino (+)
    • El prota descubre, registrando el apartamento, que hace años su vecino tuvo un perro y que éste tuvo una gran importancia en su vida (-)
    • El prota vuelve a su apartamento y decide seguir adelante con su venganza. Para ello trama un plan: piensa llenarle el apartamento de serpientes al vecino asesino de mascotas (+)
    • El prota se entera de que su vecino piensa mudarse la semana próxima. Ha de darse prisa o no conseguirá vengarse por lo que le hizo. (-)

 

  • Crisis: A estas alturas de la historia, nuestro protagonista se plantea en qué clase de persona se convertirá al llevar a cabo su venganza, si no sería mejor olvidar y perdonar todo. Piensa que lo que desea es conocer los motivos, las razones que llevaron a su vecino a envenenar a su hámster… ¿Tiene sentido amar así a los animales y querer asesinar a una persona? El recuerdo de su querido hámster, lo feliz que le hacía, y lo infeliz que se siente ahora alimentan sus deseos de vendetta…

 

  • Clímax: El protagonista decide actuar. Lo hará. Introducirá media decena de víboras en casa de su vecino y esperará a escuchar los gritos para llamar a la policía. Con esta decisión, nuestro protagonista además de ser vegano y animalista, se convertirá sin remedio en un asesino.

 

  • Consecuencias: Por dar un giro más a este argumento de ejemplo, podríamos escribir un final en el que el vecino evita la muerte sin ser consciente de ello. Sin embargo, una de las serpientes se escapa y repta hasta el apartamento del protagonista. De modo que cuando él vuelve a casa se encuentra con que todos sus animales han muerto. Y que, de hecho, él es la última víctima a la que la serpiente estaba esperando pacientemente detrás de la puerta.

 

Te propongo que hagas tu propio esquema a la hora de abordar la historia que estás escribiendo. Estoy seguro de que será un buen pilar en el que basarte y que tu historia ganará en intensidad. Eso, y lo que tus lectores disfrutarán “atando cabos”.

Sólo un último consejillo: ¡No seas evidente!

A la hora de tratar con el sentido de tu obra es aconsejable hacerlo de manera sutil. Piensa que, en realidad, el protagonista muchas veces no es consciente de lo que va a hacer, de cómo va a reaccionar, ni de por qué hace lo que hace. El sentido pertenece a tu parte más subconsciente y, del mismo modo, a la de tus personajes.

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